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EXTRABASES: Martes 29/12/2009

Redactado por Alfonso Saer "El Narrador". Información del béisbol cada martes y viernes.

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Redactado por Alfonso Saer "El Narrador",
para El Impulso y ExtrabasesVenezuela.

ULTIMO día, juego extra, pitcheo final. Cardenales no saltó la valla culminante, perdió la batalla decisiva con las botas puestas, en uno de esos encuentros que permanece algún tiempo en mentes y corazones. Los desempates son casi una moneda al aire, un albur a veces injusto porque no siempre gana el mejor club. Todo el cotarro beisbolero sabe que los guaros conformaban un plantel superior al zuliano. Hombre a hombre no había dudas. Pero los juegos de pelota tienen el inevitable toque de la fortuna o el desaliño. Los crepusculares no pudieron resolver y el anfitrión no desperdició los chances. Así de simple.




ULTIMO día, juego extra, pitcheo final. Cardenales no saltó la valla culminante, perdió la batalla decisiva con las botas puestas, en uno de esos encuentros que permanece algún tiempo en mentes y corazones. Los desempates son casi una moneda al aire, un albur a veces injusto porque no siempre gana el mejor club. Todo el cotarro beisbolero sabe que los guaros conformaban un plantel superior al zuliano. Hombre a hombre no había dudas. Pero los juegos de pelota tienen el inevitable toque de la fortuna o el desaliño. Los crepusculares no pudieron resolver y el anfitrión no desperdició los chances. Así de simple.

NADIE imaginaba a Lara en un partido definitorio, fuera de calendario. Es que siempre nadó a contracorriente y, salvo en la semana culminante, jamás encontró la ruta despejada para volar con propiedad. Se rozó el milagro que apareció de improviso gracias al esfuerzo propio y a la debacle zuliana. Pero igual se perdió por una carrera, como otras catorce veces en la ronda regular. Un signo, un destino que acompañó al elenco durante tres meses de embarazosa campaña.

LA tempestuosa aparición de Alcides Escobar, flamante campeón de bateo, a nuestro criterio el mejor pelotero del campeonato. Una temporada rehabilitante, si se quiere inesperada, de Robert Pérez. Un regreso formidable, fuera de serie, de Tom Evans. Más de 40 empujadas de Luis Jiménez. Zafra consagratoria de José Yépez. Un diciembre único para Raúl Rivero. Todo eso está en el pasado, son detalles meramente numéricos. Las derrotas apagan el fuego de las emociones.

DESDE el primero hasta el último día los relevistas se encargaron de subir las pulsaciones, de arruinar juegos. Todo fue una combinación de poco personal para labores monticulares y un pésimo manejo del mismo. En esta Liga la paciencia no es necesariamente un atributo. Es que no hay tiempo para esperar por lanzadores como Parker o Hankins, ni por apagafuegos como Patterson u Olemberger. Para colmo no hubo buen desempeño de Roger Luque, Iván Blanco y el mismo Sergio Escalona. No estaban Rincón ni Jiménez como corolario de tantos achaques.

ENTONCES pareció que los problemas abrumaron al cuerpo técnico por entero. No hubo programación, estructura, balance con los tiradores. Entre salidas había pausas infinitas. Ryan Houston o Ricky Orta se la pasaban hasta una semana sin tirar una bola, en medio de una gran ineficacia inicial. Hubo un solo abridor confiable, Steve Shell, hasta que aparecieron Vladimir Núñez, José Santiago y Raúl Rivero tratando de rescatar los entuertos. Rómulo Sánchez tardó en conseguir la mejor forma, en medio de su frecuente descontrol. Juan Carlos Ovalles ayudó en actuaciones puntuales y efectivas. Andrew Lorraine tampoco fue utilizado debidamente, ni siquiera en el careo culminante, cuando ha podido, presumimos, lanzarle a Henry Rodríguez, el verdugo del sábado pasado.

CON mal tiempo es que se conoce a los buenos capitanes. Cardenales no pudo resolver muchos partidos y en algún momento estuvo al garete, desorientado, sin timonel. Por reciente tradición --- las estadísticas están a la orden --- este es el equipo que menos utiliza a sus lanzadores en formación. Por eso es que ahora tiene menos. Uno asumió la impresión --- errada creemos --- de que se castigaban las buenas actuaciones. En una nómina de 26 peloteros la rotación adecuada es fundamental, saludable y justa.

AL arrancar la temporada se anunció con bombos y platillos que había hasta siete zurdos en la liga de desarrollo. Y vimos algunos como Luis Avilán, Daniel Chaffardet y Winston Márquez, todos con desempeños que merecieron más oportunidades. Al primero de ese trío le bastó, por ejemplo, una excelente salida ante el Zulia, para que fuera borrado de la lista por mucho tiempo, hasta entregarle la bola en juego clave frente al Magallanes. Cualquiera que pretenda hoy en día ganar en este circuito tiene que formar un verdadero ejército de lanzadores, única manera de soportar lesiones, deserciones, cláusulas de fatiga, limitaciones diversas, contratos de media temporada. Caracas y Magallanes no pasearon el torneo por mera casualidad. Ni los otros seis tropezaron tanto como producto de la mala suerte. Los hechos están a la vista y son, en la mayoría de los casos, tan obvios que no es necesario referirlos.

HIZO falta un buen cerebro para el manejo del pitcheo. Hay quienes creen que la ausencia de Omar Malavé provocó que no existiera un poder detrás del trono, un consejero oportuno, concreto, versado. Es que los desaciertos abundaron y abrumaron. La columna, en efecto, no da para hacer ni siquiera una somera evaluación de los mismos. El aficionado común y corriente los vivió en carne y hueso.

QUEDÓ atrás uno de los conjuntos más bateadores en la historia cardenal. Cinco regulares sobre .300, tres remolcadores sobre 40 carreras, un trío de toleteros con al menos ocho jonrones. Y en la banca, a veces injustamente olvidados, jugadores como Hernán Iribarren, Carlos Durán y el mismísimo Javier Herrera, quien al final demostró que era el mejor jardinero central disponible en el roster.

AL cierre del calendario Cardenales era un equipo con opción campeonil. Tres o cuatro lanzadores le habrían elevado las posibilidades en una semifinal. Habría terciado en esa polarización que ahora mantienen Leones y Navegantes. Pero está fuera y toca recoger los vidrios. A expulsar lamentos y establecer los cambios de rigor, todos a la vista, de bola a bola. Una política diferente en las contrataciones y en la programación futura de su pitcheo le viene bien. Lo importante está en aceptar los errores y corregirlos.

PERDER siempre deja un mal sabor, más amargo aún si la derrota se produce en el noveno episodio de un juego extra. Pero todos sabemos que este club que tanto le importa a tanta gente, fue eliminado tiempo atrás. Tener cómo y no lograrlo genera una gran frustración. Una poderosa alineación ha quedado en el camino. En breve, suponemos, la directiva se reunirá para hacer el balance de lo acontecido y tomar las medidas convenientes y conducentes. Unas se caen de maduras y otras son discutibles. En Oriente dejó buena parte de las alas el pájaro cardenal. Otra sección de ese rojo plumaje se la cortaron en la cueva. A buenos entendedores, pocas palabras.

ESTAMOS en Tricolor 990AM de lunes a viernes a las 12:15pm.


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